La misión personal de cada miembro perteneciente a los distintos estamentos de la Empresa familiar es saber por qué se está en la empresa y porque se ha de seguir allí. En la Empresa familiar no tienen cabida los miembros de la familia que piensan que la Empresa familiar los debe acoger, sino aquellos que ingresan a ella por vocación y convicción. En la EF no está dicho que la gestión habilidosa de la misma o de determinados procesos dentro de ella no pueda estar en manos ajenas a la familia y sus miembros. Esto supone un grado interesante de profesionalismo de la gestión de la misma. Tampoco está exenta la EF de que a través del tiempo y de los cambios que en este sufre la estructura de la organización de la EF, la dirección y gestión de ella recaiga en un miembro o en miembros no calificados. (Fama y Jensen, 1983 a y 1983 b citados en De la Fuente et al, 2003). Dependerá en gran medida de la capacidad y del grado de apertura de los miembros a cargo de las decisiones estratégicas, el adoptar o no, los caminos apropiados de gestión. Dado que los contratos de agencia generados por los miembros de la familia con la Empresa Familiar están influidos, como se expresó más arriba, por sus intereses personales de maximización de objetivos propios, dependerá de la visión que ellos tengan respecto de las oportunidades de mercado y como estos agregan valor a la EF y si guían o no la EF hacia esos rumbos. Esto debido a que las diferencias de poder dentro de la EF, atribuyen mayor poder a aquellos miembros que ostentan diferencias residuales sobre la propiedad de recursos (Quevedo, 2001 citado en De la Fuente, 2003) o que sea miembro de la familia que ostenta un grado de poder preferencial. Esto podrá llevar a este miembro a posiciones de poder aventajadas dentro de la EF con lo que podrá influir positiva o negativamente en la decisión de gestión de la organización. (García; López; 2003)
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